República Argentina: 6:54:58pm

Los jueces no son elegidos por sus antecedentes académicos, su idoneidad, su trayectoria, sino por su disponibilidad al poder de turno", señaló el texto firmado por su presidente Alberto Solanet y el secretario Mariano Gradín. No se esperaba otra cosa de los consejeros nombrados por el Gobierno y por los grupos que ya le estaban sometidos, si en cambio de quien representaba a los abogados de Buenos Aires. Este consejero fue votado por millares de abogados ante quienes se comprometió a luchar contra la grosera injerencia del Gobierno en la desprestigiada justicia federal. Finalmente fue partícipe de la tramoya que posibilitó la remoción del único obstáculo, que todavía impedía que el Gobierno designara a dedo, nada menos que a los jueces llamados a juzgar a sus propios funcionarios, como así también a sus adversarios políticos. Resulta inconcebible la manifestación, de quienes fueron los responsables, de la adopción del “mal menor” como justificativo del contubernio. Era preferible mantener los juzgados vacantes antes que facilitar su ocupación por quienes – en razón de lo tortuoso del trámite seguido para su designación - no ofrecen las garantías elementales. Desde su creación por la reforma constitucional de 1994, el Consejo de la Magistratura ha incurrido en las peores prácticas de la politiquería; incluso peores que las que se pretendieron erradicar con esta desafortunada innovación de los constituyentes. Los resultados de este turbio proceso, son un aporte al desprestigio y degradación del Consejo y de un Poder Judicial en los que nadie confía. Un poder hegemónico y una justicia corrupta conforman una combinación letal para la viabilidad de la República, concluye el comunicado

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