República Argentina: 12:35:04am

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ClNos encontramos viviendo en un mundo en transición y transformación, que avanza hacia una bi-multipolaridad, con una integración e interdependencia crecientes. Esta situación ocasiona gran incertidumbre e inestabilidad. Ante este escenario, nuestro país debe preparase adecuadamente. Si nuestra visión va más allá de lo coyuntural, tenemos que pensar y planificar una gran estrategia que nos permita una inserción inteligente con los demás países, siguiendo políticas consensuadas, que se conviertan en políticas de Estado.

 

 

Nuestro país pertenece al hemisferio occidental. Esa realidad geográfica debe ser tenida en cuenta, sin dejar de lado la necesaria equidistancia, prudencia y pragmatismo que la situación mundial actual aconseja. Sin embargo, algunas decisiones parecen a veces alejarnos de ese tan necesario balance y equilibrio.

 

Las amenazas, los riesgos y los desafíos que presenta la inestable situación mundial actual, son en gran medida transnacionales, y exceden en general la capacidad individual de cada Estado para poder hacerles frente en forma adecuada. En cambio, unidos regionalmente se pueden enfrentar con mayores probabilidades de éxito, así como también negociar desde una posición más ventajosa con los demás países y bloques regionales. Nos permitiría también compensar el debilitamiento del multilateralismo.

 

Hay que tener una mirada pragmática de las relaciones con los países vecinos. Las condiciones para avanzar en un proceso de integración con paso seguro y firme, más allá de circunstanciales diferencias entre los gobiernos de turno, están dadas por la convergencia de intereses a mediano y largo plazo, así como por la identificación de amenazas y riesgos comunes.

 

Este proceso se verá además facilitado, si nuestro país logra conformar un Estado fuerte, consolidado, respetado y confiable, con instituciones robustas, con una clara y sólida identidad nacional fundada en nuestras raíces y tradiciones.

 

Las relaciones con nuestros países vecinos ya se han afianzado en las últimas décadas, luego de superar prácticamente todas las diferencias en asuntos vitales, y encontrar importantes campos de entendimiento y cooperación. Esto facilitó, entre otros acuerdos, la creación del Mercosur hace ya más de 30 años, con objetivos fundamentalmente económicos.

 

En el año 1996 comienzan a sumarse otros países. Así se produce, por ejemplo, la asociación de Chile. Durante la Reunión del Mercosur del 17 de junio de 1997, el entonces Presidente transandino Eduardo Frei, expresó: “Nuestra prioridad es el Mercosur”.

 

Esta alianza debe ser integral. Si queremos alcanzar una verdadera asociación estratégica con nuestros vecinos, no podemos limitarnos a los temas económicos. Debemos incorporar otras áreas y ámbitos de interés, o dejaremos peligrosamente incompleto el proceso de integración regional.

 

Alianza Regional ABC

 

Dicha integración se puede favorecer a partir de un Cono Sur fuerte. La asociación estratégica ABC (Argentina-Brasil-Chile) tiene una lógica geográfica e histórica, y un gran potencial por la importancia de los países involucrados y su capacidad de proyección bioceánica. Serviría además como base sólida para incorporar luego a los demás países de la región. Ya en 1899 el Presidente Julio Argentino Roca mantuvo reuniones con los presidentes de Brasil y Chile, como antecedente más lejano que muestra la lógica de esta asociación estratégica.

 

Dicha alianza regional debería permitir fijar estrategias comunes para enfrentar las amenazas transnacionales y proteger los intereses compartidos. Se podrían consensuar y coordinar políticas regionales en temas vitales como el Atlántico Sur, la Antártida, el espacio exterior, las zonas fronterizas, la ciberdefensa, las tecnologías sensibles, entre otros. Se podrían articular regionalmente, empezando por acuerdos selectivos que permitan ir conformando una red cada vez más fuerte.

 

Defensa

 

Dentro de este marco, reviste fundamental importancia el ámbito de la Defensa que, junto con la política exterior, constituyen dos áreas de íntima relación y trascendental significación para el posicionamiento y la seguridad nacional y regional.

 

Ya hace un par de décadas que se viene hablando de la necesidad de una mayor integración en materia de Defensa con nuestros vecinos, sin que esto se haya concretado. Hay muchas expresiones de deseo, que no se han podido materializar en hechos concretos.

 

Una mayor cooperación y coordinación en materia de Defensa, va a consolidar la paz y la estabilidad en la región, sumando valor estratégico a la integración ya alcanzada.

 

La relación entre las FFAA de la región es sobresaliente, luego de haber adoptado durante muchos años gran cantidad de medidas de confianza mutua y acciones de cooperación militar. También existe la voluntad para trabajar en forma coordinada en múltiples aspectos que hacen a la Defensa, más allá de los habituales intercambios educativos, las reuniones bilaterales y los ejercicios combinados.

 

Hace unos años se creó el Consejo de Defensa Sudamericano (CDS), que fracasó por su carga ideológica, dado que fue pensado más como un organismo para diferenciarse de los EEUU que para integrar y consensuar políticas de Defensa.

 

Tampoco hay que dejar que las distintas posturas y legislaciones que cada país tiene en materia de Seguridad y Defensa, obstaculicen esta integración. Hay que tener una mirada más amplia e inteligente, evitando que la política interior se imponga sobre la política exterior.

 

Los primeros pasos son los más sencillos y ya se han dado hace tiempo. Hay que romper el estancamiento. Es momento de avanzar más rápidamente. Las medidas de confianza mutua y las acciones de cooperación militar, deben servir de base para una relación más profunda, que incluya una fuerza combinada, desarrollos tecnológicos, producción para la defensa y mayor intercambio de información. Implica también compatibilizar medios y doctrina, para lograr la interoperabilidad.

 

Debe existir un proporcional equilibrio militar entre los países involucrados, donde cada uno aporte fuerzas de acuerdo con su potencial. Presupuestos de Defensa cada vez más bajos, como los que viene aprobando nuestro país en las últimas décadas, van a demorar el proceso de integración. Si somos débiles, seremos más apetecibles para otros actores externos, no estaremos en condiciones de influir en las decisiones que adopte la alianza que se conforme, y no lograremos la indispensable disuasión.

 

Establecer una alianza estratégica, no significa que los países participantes pierdan la capacidad para defender por sí mismos sus propios intereses vitales, ni que renuncien a su identidad nacional. Cada uno debe mantener su capacidad de defensa autónoma.

 

Brasil

 

Es claramente la potencia regional militar más importante. En el “Memorándum de Entendimiento entre el Gobierno de la República Argentina y el Gobierno de la República Federativa del Brasil de Consulta y Coordinación”, redactado en abril de 1997, ya se menciona la necesidad de una mayor coordinación y cooperación en Defensa.

 

Desde el punto de vista militar, la relación con este país vecino y amigo, ha alcanzado un sobresaliente nivel. Los intercambios académicos, las reuniones bilaterales de Estado Mayor y los ejercicios combinados, entre otras medidas de confianza mutua y de cooperación militar, han permitido afianzar los lazos de amistad entre ambas fuerzas armadas.

 

En relación con investigación, desarrollo y producción para la Defensa, con el Ejército de Brasil se habían dado pasos auspiciosos en el año 2004, luego de acordar en Río de Janeiro la fabricación de un “Vehículo Liviano de Empleo General Aerotransportable (VLEGA)”, que se denominó “Gaucho”. Luego de acordar las especificaciones técnicas y operativas del vehículo, se construyeron dos prototipos.

 

La impaciencia argentina por obtener resultados rápidos, pronto chocó contra los tiempos lógicos de evaluación y prueba brasileños. De este modo, lo que había iniciado como un proyecto para fortalecer los lazos de integración en un aspecto tan importante como es el desarrollo tecnológico, terminó siendo desvirtuado, por olvidar su finalidad principal.

 

Posteriormente, no hubo otros emprendimientos binacionales de importancia que contribuyan a conformar una asociación estratégica en el ámbito de la Defensa, salvo la provisión por parte de FADEA de algunos componentes para el avión de transporte KC - 390 de Embraer.

 

La reciente visita del ex Ministro Rossi a su par en Brasil, abrió la posibilidad de adquirir los vehículos blindados a rueda 6x6 “Guaraní”, que incluye componentes fabricados en el país. La concreción de esta iniciativa sería un importante paso adelante en la dirección propuesta.

 

Existen además importantes áreas para trabajar en forma combinada, como es la Ciberdefensa, la tecnología nuclear, la tecnología aeroespacial, la industria naval, los radares, la simulación, los sensores y los sistemas de mando y control, entre otras.

 

También, a partir de reuniones sostenidas hace más de tres años, hay muy buena voluntad para conformar una fuerza binacional, al estilo de la que ya se organizó con Chile. Coincidentemente, esta iniciativa se encuentra volcada en la nueva Directiva Política de Defensa Nacional (DPDN).

 

Adicionalmente, se pueden desarrollar acciones comunes en la “Amazonia Azul” y la “Pampa Azul”, y coordinar el control de las zonas fronterizas. Para este último tema deben compatibilizarse algunas diferencias legales.

 

Chile

 

A fines del siglo pasado, las relaciones militares con el país trasandino, se limitaban a algunos pocos intercambios y a la realización de distintos trabajos combinados en montaña (competencias de esquí, ascensiones en la cordillera, etc.).

 

Con buen criterio y, evitando quedarse anclado en diferencias del pasado, a partir de 1990, comienzan a incrementarse sensiblemente las medidas de confianza mutua, a través de visitas, reuniones, intercambios académicos y ejercicios combinados, entre otras. En 1995 se crea el Comité Permanente de Seguridad (COMPERSEG), que junto con las Reuniones de Consulta entre Ministros de RREE y de Defensa (2+2), contribuyeron al afianzamiento de la relación.

 

En 1998 se firma un acuerdo entre las Armadas de ambos países para realizar un patrullaje coordinado en los mares antárticos: la Patrulla Antártica Naval Combinada, que continúa hasta nuestros días.

 

La conformación en el año 2005 de la “Fuerza de Paz Conjunta y Combinada Cruz del Sur”, materializa el punto más alto de integración militar alcanzado hasta ahora por Argentina con un país vecino. Esta fuerza binacional, constituida para ser empleada en el marco de una misión de paz de Naciones Unidas, es la primera de su tipo en Sudamérica.

 

La similitud de formación, costumbres y tradiciones, hace que las Fuerzas Armadas chilenas sean muy parecidas a las argentinas. Esto facilitó el rápido acercamiento militar entre ambos países, una vez que se superaron las desconfianzas y las diferencias limítrofes.

 

Actualmente se mantiene un estrecho contacto por medio de reuniones anuales entre los Comandantes de las regiones adyacentes, y un fluido intercambio de personal.

 

Convencidos que el deporte es también un importante instrumento para fomentar la amistad y el acercamiento, ya se han desarrollado en los últimos años cuatro encuentros de fútbol entre oficiales superiores de ambos ejércitos.

 

Aún existe un campo fértil para avanzar en proyectos de investigación, desarrollo y producción para la defensa, en ciberdefensa, en la actividad antártica, en el control de los mares y las zonas fronterizas, entre otros aspectos estratégicos de interés común.

 

Conclusiones

 

Una alianza estratégica regional es fundamental para la estabilidad del Cono Sur. Es un proyecto geopolítico impostergable, con proyección bioceánica. Las condiciones están dadas, y ya se han consolidado todas las etapas previas de integración.

 

Estas iniciativas con las FFAA de Brasil y Chile, luego deberán ir abarcando a los demás países limítrofes, y a otros que no lo son, como es el caso de Perú, país al que nos unen históricos lazos de hermandad y cooperación, y con el cual también se avanzó hacia la conformación de una fuerza binacional, la Compañía de Ingenieros “Libertador General José de San Martín”, aunque sin llegar a concretarla. La integración regional en Defensa debe fortalecerse desde el Cono Sur.

 

Hay vocación de integración. En el ámbito de la economía, siempre puede haber competencia, pero en el de la Defensa, debe primar la cooperación y la complementación.

 

Debemos fortalecer nuestras capacidades militares, con el empleo inteligente y eficiente del FONDEF, al que habrá que sumarle otros instrumentos y mecanismos para acelerar la recuperación de las FFAA. Debemos alcanzar un proporcional equilibrio militar con los países de la región. Gran Bretaña, con su postura de veto a la venta de componentes ingleses para las FFAA argentinas, dificulta la posibilidad de reequiparse con materiales occidentales, empujando al país a buscar parte de su necesario y lógico reequipamiento en potencias orientales.

 

Hay que pensar en el futuro. Argentina debe recuperar su presencia internacional, y alcanzar relaciones estratégicas con nuestros vecinos. Si estamos aliados, podremos enfrentar con mayor solidez cualquier escenario global que se constituya en un desafío para la región. Integrar los distintos sistemas de defensa, va a fortalecer al conjunto. Se pueden compensar las debilidades y potenciar las fortalezas. No es una tarea fácil, pero no se debería perder más tiempo. Para concretarlo sólo se requiere un mayor compromiso y una clara voluntad y decisión política.

 

 

Las amenazas, los riesgos y los desafíos que presenta la inestable situación mundial actual, son en gran medida transnacionales, y exceden en general la capacidad individual de cada Estado para poder hacerles frente en forma adecuada. En cambio, unidos regionalmente se pueden enfrentar con mayores probabilidades de éxito, así como también negociar desde una posición más ventajosa con los demás países y bloques regionales. Nos permitiría también compensar el debilitamiento del multilateralismo.

 

Hay que tener una mirada pragmática de las relaciones con los países vecinos. Las condiciones para avanzar en un proceso de integración con paso seguro y firme, más allá de circunstanciales diferencias entre los gobiernos de turno, están dadas por la convergencia de intereses a mediano y largo plazo, así como por la identificación de amenazas y riesgos comunes.

 

Este proceso se verá además facilitado, si nuestro país logra conformar un Estado fuerte, consolidado, respetado y confiable, con instituciones robustas, con una clara y sólida identidad nacional fundada en nuestras raíces y tradiciones.

 

Las relaciones con nuestros países vecinos ya se han afianzado en las últimas décadas, luego de superar prácticamente todas las diferencias en asuntos vitales, y encontrar importantes campos de entendimiento y cooperación. Esto facilitó, entre otros acuerdos, la creación del Mercosur hace ya más de 30 años, con objetivos fundamentalmente económicos.

 

En el año 1996 comienzan a sumarse otros países. Así se produce, por ejemplo, la asociación de Chile. Durante la Reunión del Mercosur del 17 de junio de 1997, el entonces Presidente transandino Eduardo Frei, expresó: “Nuestra prioridad es el Mercosur”.

 

Esta alianza debe ser integral. Si queremos alcanzar una verdadera asociación estratégica con nuestros vecinos, no podemos limitarnos a los temas económicos. Debemos incorporar otras áreas y ámbitos de interés, o dejaremos peligrosamente incompleto el proceso de integración regional.

 

Alianza Regional ABC

 

Dicha integración se puede favorecer a partir de un Cono Sur fuerte. La asociación estratégica ABC (Argentina-Brasil-Chile) tiene una lógica geográfica e histórica, y un gran potencial por la importancia de los países involucrados y su capacidad de proyección bioceánica. Serviría además como base sólida para incorporar luego a los demás países de la región. Ya en 1899 el Presidente Julio Argentino Roca mantuvo reuniones con los presidentes de Brasil y Chile, como antecedente más lejano que muestra la lógica de esta asociación estratégica.

 

Dicha alianza regional debería permitir fijar estrategias comunes para enfrentar las amenazas transnacionales y proteger los intereses compartidos. Se podrían consensuar y coordinar políticas regionales en temas vitales como el Atlántico Sur, la Antártida, el espacio exterior, las zonas fronterizas, la ciberdefensa, las tecnologías sensibles, entre otros. Se podrían articular regionalmente, empezando por acuerdos selectivos que permitan ir conformando una red cada vez más fuerte.

 

Defensa

 

Dentro de este marco, reviste fundamental importancia el ámbito de la Defensa que, junto con la política exterior, constituyen dos áreas de íntima relación y trascendental significación para el posicionamiento y la seguridad nacional y regional.

 

Ya hace un par de décadas que se viene hablando de la necesidad de una mayor integración en materia de Defensa con nuestros vecinos, sin que esto se haya concretado. Hay muchas expresiones de deseo, que no se han podido materializar en hechos concretos.

 

Una mayor cooperación y coordinación en materia de Defensa, va a consolidar la paz y la estabilidad en la región, sumando valor estratégico a la integración ya alcanzada.

 

La relación entre las FFAA de la región es sobresaliente, luego de haber adoptado durante muchos años gran cantidad de medidas de confianza mutua y acciones de cooperación militar. También existe la voluntad para trabajar en forma coordinada en múltiples aspectos que hacen a la Defensa, más allá de los habituales intercambios educativos, las reuniones bilaterales y los ejercicios combinados.

 

Hace unos años se creó el Consejo de Defensa Sudamericano (CDS), que fracasó por su carga ideológica, dado que fue pensado más como un organismo para diferenciarse de los EEUU que para integrar y consensuar políticas de Defensa.

 

Tampoco hay que dejar que las distintas posturas y legislaciones que cada país tiene en materia de Seguridad y Defensa, obstaculicen esta integración. Hay que tener una mirada más amplia e inteligente, evitando que la política interior se imponga sobre la política exterior.

 

Los primeros pasos son los más sencillos y ya se han dado hace tiempo. Hay que romper el estancamiento. Es momento de avanzar más rápidamente. Las medidas de confianza mutua y las acciones de cooperación militar, deben servir de base para una relación más profunda, que incluya una fuerza combinada, desarrollos tecnológicos, producción para la defensa y mayor intercambio de información. Implica también compatibilizar medios y doctrina, para lograr la interoperabilidad.

 

Debe existir un proporcional equilibrio militar entre los países involucrados, donde cada uno aporte fuerzas de acuerdo con su potencial. Presupuestos de Defensa cada vez más bajos, como los que viene aprobando nuestro país en las últimas décadas, van a demorar el proceso de integración. Si somos débiles, seremos más apetecibles para otros actores externos, no estaremos en condiciones de influir en las decisiones que adopte la alianza que se conforme, y no lograremos la indispensable disuasión.

 

Establecer una alianza estratégica, no significa que los países participantes pierdan la capacidad para defender por sí mismos sus propios intereses vitales, ni que renuncien a su identidad nacional. Cada uno debe mantener su capacidad de defensa autónoma.

 

Brasil

 

Es claramente la potencia regional militar más importante. En el “Memorándum de Entendimiento entre el Gobierno de la República Argentina y el Gobierno de la República Federativa del Brasil de Consulta y Coordinación”, redactado en abril de 1997, ya se menciona la necesidad de una mayor coordinación y cooperación en Defensa.

 

Desde el punto de vista militar, la relación con este país vecino y amigo, ha alcanzado un sobresaliente nivel. Los intercambios académicos, las reuniones bilaterales de Estado Mayor y los ejercicios combinados, entre otras medidas de confianza mutua y de cooperación militar, han permitido afianzar los lazos de amistad entre ambas fuerzas armadas.

 

En relación con investigación, desarrollo y producción para la Defensa, con el Ejército de Brasil se habían dado pasos auspiciosos en el año 2004, luego de acordar en Río de Janeiro la fabricación de un “Vehículo Liviano de Empleo General Aerotransportable (VLEGA)”, que se denominó “Gaucho”. Luego de acordar las especificaciones técnicas y operativas del vehículo, se construyeron dos prototipos.

 

La impaciencia argentina por obtener resultados rápidos, pronto chocó contra los tiempos lógicos de evaluación y prueba brasileños. De este modo, lo que había iniciado como un proyecto para fortalecer los lazos de integración en un aspecto tan importante como es el desarrollo tecnológico, terminó siendo desvirtuado, por olvidar su finalidad principal.

 

Posteriormente, no hubo otros emprendimientos binacionales de importancia que contribuyan a conformar una asociación estratégica en el ámbito de la Defensa, salvo la provisión por parte de FADEA de algunos componentes para el avión de transporte KC - 390 de Embraer.

 

La reciente visita del ex Ministro Rossi a su par en Brasil, abrió la posibilidad de adquirir los vehículos blindados a rueda 6x6 “Guaraní”, que incluye componentes fabricados en el país. La concreción de esta iniciativa sería un importante paso adelante en la dirección propuesta.

 

Existen además importantes áreas para trabajar en forma combinada, como es la Ciberdefensa, la tecnología nuclear, la tecnología aeroespacial, la industria naval, los radares, la simulación, los sensores y los sistemas de mando y control, entre otras.

 

También, a partir de reuniones sostenidas hace más de tres años, hay muy buena voluntad para conformar una fuerza binacional, al estilo de la que ya se organizó con Chile. Coincidentemente, esta iniciativa se encuentra volcada en la nueva Directiva Política de Defensa Nacional (DPDN).

 

Adicionalmente, se pueden desarrollar acciones comunes en la “Amazonia Azul” y la “Pampa Azul”, y coordinar el control de las zonas fronterizas. Para este último tema deben compatibilizarse algunas diferencias legales.

 

Chile

 

A fines del siglo pasado, las relaciones militares con el país trasandino, se limitaban a algunos pocos intercambios y a la realización de distintos trabajos combinados en montaña (competencias de esquí, ascensiones en la cordillera, etc.).

 

Con buen criterio y, evitando quedarse anclado en diferencias del pasado, a partir de 1990, comienzan a incrementarse sensiblemente las medidas de confianza mutua, a través de visitas, reuniones, intercambios académicos y ejercicios combinados, entre otras. En 1995 se crea el Comité Permanente de Seguridad (COMPERSEG), que junto con las Reuniones de Consulta entre Ministros de RREE y de Defensa (2+2), contribuyeron al afianzamiento de la relación.

 

En 1998 se firma un acuerdo entre las Armadas de ambos países para realizar un patrullaje coordinado en los mares antárticos: la Patrulla Antártica Naval Combinada, que continúa hasta nuestros días.

 

La conformación en el año 2005 de la “Fuerza de Paz Conjunta y Combinada Cruz del Sur”, materializa el punto más alto de integración militar alcanzado hasta ahora por Argentina con un país vecino. Esta fuerza binacional, constituida para ser empleada en el marco de una misión de paz de Naciones Unidas, es la primera de su tipo en Sudamérica.

 

La similitud de formación, costumbres y tradiciones, hace que las Fuerzas Armadas chilenas sean muy parecidas a las argentinas. Esto facilitó el rápido acercamiento militar entre ambos países, una vez que se superaron las desconfianzas y las diferencias limítrofes.

 

Actualmente se mantiene un estrecho contacto por medio de reuniones anuales entre los Comandantes de las regiones adyacentes, y un fluido intercambio de personal.

 

Convencidos que el deporte es también un importante instrumento para fomentar la amistad y el acercamiento, ya se han desarrollado en los últimos años cuatro encuentros de fútbol entre oficiales superiores de ambos ejércitos.

 

Aún existe un campo fértil para avanzar en proyectos de investigación, desarrollo y producción para la defensa, en ciberdefensa, en la actividad antártica, en el control de los mares y las zonas fronterizas, entre otros aspectos estratégicos de interés común.

 

Conclusiones

 

Una alianza estratégica regional es fundamental para la estabilidad del Cono Sur. Es un proyecto geopolítico impostergable, con proyección bioceánica. Las condiciones están dadas, y ya se han consolidado todas las etapas previas de integración.

 

Estas iniciativas con las FFAA de Brasil y Chile, luego deberán ir abarcando a los demás países limítrofes, y a otros que no lo son, como es el caso de Perú, país al que nos unen históricos lazos de hermandad y cooperación, y con el cual también se avanzó hacia la conformación de una fuerza binacional, la Compañía de Ingenieros “Libertador General José de San Martín”, aunque sin llegar a concretarla. La integración regional en Defensa debe fortalecerse desde el Cono Sur.

 

Hay vocación de integración. En el ámbito de la economía, siempre puede haber competencia, pero en el de la Defensa, debe primar la cooperación y la complementación.

 

Debemos fortalecer nuestras capacidades militares, con el empleo inteligente y eficiente del FONDEF, al que habrá que sumarle otros instrumentos y mecanismos para acelerar la recuperación de las FFAA. Debemos alcanzar un proporcional equilibrio militar con los países de la región. Gran Bretaña, con su postura de veto a la venta de componentes ingleses para las FFAA argentinas, dificulta la posibilidad de reequiparse con materiales occidentales, empujando al país a buscar parte de su necesario y lógico reequipamiento en potencias orientales.

 

Hay que pensar en el futuro. Argentina debe recuperar su presencia internacional, y alcanzar relaciones estratégicas con nuestros vecinos. Si estamos aliados, podremos enfrentar con mayor solidez cualquier escenario global que se constituya en un desafío para la región. Integrar los distintos sistemas de defensa, va a fortalecer al conjunto. Se pueden compensar las debilidades y potenciar las fortalezas. No es una tarea fácil, pero no se debería perder más tiempo. Para concretarlo sólo se requiere un mayor compromiso y una clara voluntad y decisión política.

 

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