Por Cecilia Degl'Innocenti publicado por www.perfil.com
Tras reunirse con Javier Milei, Petr Pavel —exjefe militar de la OTAN— descartó una intervención de la alianza en Medio Oriente y expuso una tensión que atraviesa a Occidente: la brecha entre las reglas que dice defender y la forma en que se aplican.
Tras su reunión con Javier Milei, Petr Pavel dejó una definición que, por su trayectoria, funciona como señal política global: la OTAN no debe intervenir en Medio Oriente. El presidente de República Checa, que hasta hace pocos años encabezó el Comité Militar de la alianza atlántica, visitó Argentina en el marco del creciente interés global por el cono sur para tender puentes entre dos países medianos que comparten un valor clave de este tiempo: el multilateralismo para resolver conflictos, como alternativa al uso de la fuerza.
En un contexto de escalada global por la guerra contra Irán, la frase dice más de lo que parece. No representa solo un límite operativo, sino que refleja una incomodidad más profunda dentro de Occidente, especialmente entre líderes de la Unión Europea, que no quieren pagar el costo político asociado a la guerra que emprendió el presidente de su principal aliado transatlántico, Donald Trump, junto a Israel.
"Nadie puede esperar razonablemente que la OTAN actúe en Medio Oriente. Es una organización de defensa territorial, y esa región no forma parte de su área", sostuvo Pavel desde el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI), donde asistió después de reunirse con el presidente argentino, empresarios y legisladores. En paralelo, Trump ejecutaba su propio bloqueo al bloqueado Estrecho de Ormuz, el nodo energético que Teherán cerró como represalia por el ataque del 28 de febrero.
Al tiempo que marcó, sin necesidad de nombrarlo, un contrapunto con los intentos de ampliar el rol de la OTAN más allá de su mandato original. "Entiendo el planteo de Trump de involucrar a la OTAN desde el inicio en la guerra. Fue consultada e informada, pero la alianza no participó activamente y la discusión posterior surgió cuando la operación no salió como se esperaba", sostuvo en relación a las declaraciones del mandatario estadounidense, que semana atrás insinuó que podría retirar al país de la alianza militar de la que Europa depende.
"Sin embargo, la OTAN puede tener un rol en otras regiones, pero no en operaciones de combate. La OTAN y la UE deben participar en procesos más amplios de estabilización", agregó en su intervención, acompañado del presidente del CARI, Francisco de Santibañes, y un auditorio repleto de figuras del ámbito diplomático local e internacional, incluidos los embajadores de Brasil, Julio Bitelli, y de Ucrania, Yurii Klymenko.
Pavel, un militar testigo de la transición política post comunismo, se convirtió en el primer jefe militar de la OTAN proveniente de un antiguo satélite soviético. Su planteo se vuelve más relevante si se lo lee en paralelo con su diagnóstico sobre el estado del orden internacional "desde la óptica del este europeo", uno de los motivos de su viaje junto con la promoción de las relaciones comerciales bilaterales, en las que destacó el vino argentino y la coorperación científica con proyección a la Antártida.
Para Pavel, el problema no es solo militar, sino político: las reglas que sostienen el sistema están perdiendo fuerza. "La Carta de Naciones Unidas se convierte en un papel si quienes tienen poder pueden violarla con impunidad", advirtió. En otras palabras, el equilibrio entre legalidad y poder (la base del sistema de Bretton Woods surgido tras la Segunda Guerra Mundial), está en tensión y muestra no solo los límites sino que estamos en una transición de orden global.
Los "valores en común": integridad territorial, Ucrania y Malvinas
Ese desfasaje no es abstracto. Se expresa, por ejemplo, en la forma en que Occidente justifica su apoyo a Ucrania en la defensa de la "integridad territorial", un concepto del derecho internacionalen el que hizo énfasis, mientras otros conflictos tensionan ese mismo principio. En ese punto, Pavel introdujo un elemento personal y político: "sabemos lo que significa vivir bajo la ocupación de una potencia extranjera", dijo, en referencia a la experiencia histórica de su país en la época soviética.
En ese marco, ante una pregunta de PERFIL, el presidente checo evaluó como se traduce ese principio en otro de los casos emblema del colonialismo: la Cuestión Malvinas. En ese sentido, evitó una definición directa pero reforzó su postura general: la defensa de la integridad territorial y del derecho internacional debe ser consistente, basada en reglas y en la negociación entre las partes. Un detalle que toma otro color en un momento en que el uso de la fuerza parece legitimado sobre las normas, especialmente entre los países poderosos.
En ese punto, la coincidencia con el gobierno argentino aparece como un dato político. Tras su encuentro con Milei, el presidente checo destacó valores compartidos como la soberanía, la integridad territorial y la resolución pacífica de los conflictos.
La mirada desde el este de Europa
El diagnóstico de Pavel sobre el sistema internacional se cruza, además, con un momento de redefinición interna en Europa. La guerra en Ucrania sigue siendo el eje de la seguridad regional, pero convive con otro frente que empieza a generar costos políticos: la escalada en Medio Oriente.
En los últimos días, varios referentes europeos se sumaron al español Pedro Sánchez y comenzaron a distanciarse de la guerra impulsada por Donald Trump y Benjamin Netanyahu. El canciller alemán Friedrich Merz criticó nuevos asentamientos de colonos en Cisjordania, mientras que la italiana Giorgia Meloni ordenó suspender la alianza de defensa con Israel. En paralelo, otros países de la Unión Europea y de la OTAN debaten hasta dónde acompañar una guerra que ninguno quiere asumir plenamente el costo político.
En ese marco, Pavel también hizo una lectura hacia adentro del bloque. Celebró la derrota de Viktor Orbán en Hungría como "un triunfo de la democracia" y expresó su expectativa de "una mayor confluencia con Europa" con el nuevo gobierno de Peter Magyar.
Es en ese contexto donde su definición sobre la OTAN cobra dimensión. Lejos de una postura expansiva, el presidente checo marcó un límite claro: la alianza atlántica no está diseñada para intervenir fuera de su área geográfica. Medio Oriente, en ese esquema, queda fuera.
En paralelo, Pavel introdujo otro elemento que conecta directamente con Argentina: el rol de los países "medianos" en este nuevo escenario. Para el mandatario, el multilateralismo no es una consigna idealista, sino una herramienta concreta de poder para aquellos Estados que no pueden imponer su voluntad por la fuerza.
"La fuerza de los países pequeños está en las alianzas", planteó el mandatario checo. En su visión, el camino no pasa por desarmar las instituciones internacionales, sino por fortalecerlas y utilizarlas como plataformas de coordinación frente a actores más grandes.
"La seguridad ya no es regional, es global", resumió. La frase condensa una idea que atraviesa toda su intervención: los conflictos ya no pueden leerse de forma aislada. Ucrania, Medio Oriente, las tensiones energéticas y las disputas comerciales forman parte de un mismo tablero.
En ese contexto, la relación entre Argentina y República Checa (dos países sin peso estructural pero con intereses convergentes) aparece como un ejemplo de cómo pueden reconfigurarse las alianzas en este nuevo escenario. Incluso a pesar del giro diplomático del gobierno libertario, que, además de su alianza incondicional con Washington y Tel Aviv, retiró a Argentina de organismos como la OMS o el Pacto del Futuro.
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