Horas después de ser liberado de El Rodeo 1, el gendarme argentino Nahuel Gallo aterrizó esta madrugada en el aeropuerto internacional de Ezeiza tras 448 días de permanecer cautivo como rehén del régimen de Nicolás Maduro, en Venezuela.
Gallo tocó suelo argentino pasadas las 04:30 de esta madrugada. Su liberación fue confirmada cerca de las 19 horas del domingo 1° de marzo. De acuerdo con la información a la que pudo acceder Infobae, uniformados de Gendarmería formaron un pasilllo de honor y la presencia de la banda de música de la fuerza. Él, por su parte, descendió del avión con uniforme verrde oliva puesto.
Así, el gendarme pudo fundirse en un fuerte abrazo con su hijo Víctor, de tres años, tras casi 450 días sin tener comunicación con él. Este medio pudo acceder a las imágenes de ese encuentro. Al pie del avión estuvieron su pareja, María Alexandra Gómez, y su madre, Griselda Heredia.
El primer indicio de que sería liberado había ocurrido esta misma semana, cuando pudo comunicarse por primera vez con su mujer, María Alexandra Gómez, quien arribó pasadas las 02 de este lunes al Aeropuerto Internacional de Ezeiza. Allí acudieron la senadora nacional Patricia Bullrich, la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, el canciller Pablo Quirno y el gobernador de Catamarca, Raúl Jalil, entre otros funcionarios.
Desde las 2 de la madrugada habían empezado a acercarse los funcionarios y la pareja y madre de Víctor, como así también su madre, y los funcionarios y la cúpula de Gendarmería Nacional. En la zona donde aterrizó Nahuel Gallo se desplegó un fuerte operativo de seguridad, para mantener la privacidad de un momento esperado, tras una interminable angustia.
En el Aeropuerto Internacional de Ezeiza, lo recibieron su esposa, María Alexandra Gómez; la senadora y ex ministra, Patricia Bullrich
La llegada de Gallo estuvo cargada de emotividad. Apenas salió vestido con el uniforme de fajina, el gendarme pudo abrazar a su hijo y se fundió en un abrazo con su pareja. Luego, su madre, Griselda lo abrazó, lo besó y lloró con una mezcla de alivio, tras la espera que tuvo que soportar en Catamarca.
La madre del gendarme llegó a Buenos Aires junto con el gobernador Jalil, quien la trajo en un vuelo especial, apenas se confirmó que el hijo estaba de regreso a la Argentina.
Los principales funcionarios del gobierno de Javier Milei estuvieron a cargo del operativo de bienvenida. “Lo recibimos como se merecía”, dijo la senador y ex ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, en un breve contacto con Infobae.
Una pesadilla interminable
Los indicios de que podría haber una liberación empezaron a materializarse tras el diálogo que mantuvo Gómez con su pareja días atrás, en medio de una entrevista radial. Infobae habló con ella poco después. Por el teléfono, se escuchaban risas, alegrías y una mezcla de alivio y esperanza. Esa llamada había confirmado dos cosas, después de tanta desolación: que Agustín Nahuel Gallo estaba vivo y que, efectivamente, estaba en El Rodeo 1.
Para que esa comunicación ocurriera, pasaron muchas cosas, pero una fue central: todos los extranjeros que estaban allí comenzaron una huelga de hambre para exigir que se les aplique a ellos también la ley de amnistía que el régimen había aprobado para los presos políticos. Habían pasado varios días sin comer y el régimen decidió aflojar las cadenas. Es una apertura, sin embargo, que se logró por necesidad y urgencia, más que por convicción.
Su desaparición forzada ocurrió el 8 de diciembre de 2024, cuando el país estaba bajo pleno régimen de Nicolás Maduro y el dictador utilizaba la toma de rehenes extranjeros como una macabra herramienta de negociación y presión internacional.
Gallo, que por ese entonces tenía 34 años, ingresó desde Colombia a través de un paso fronterizo terrestre. Cruzó por el Puente Internacional Francisco de Paula Santander. Su destino era la localidad venezolana de Táchira, a donde iba con el propósito de visitar a su pareja y a su hijo.
Sin embargo, el dictador Maduro y su mano derecha, Diosdado Cabello, pusieron en duda el motivo de su viaje, insistieron en que iba a “cumplir una misión” y, pese a no exponer prueba alguna, lo acusaron de espionaje. Así, lo incomunicaron, lo aislaron y sin un proceso formal público, ni asistencia legal propia ni consular, lo dejaron detenido.
Mientras tanto, desde Gendarmería Nacional Argentina aclararon que “Gallo se encontraba en Venezuela con licencia anual ordinaria, autorizada por la GNA” y que “su presencia en el país no tenía relación directa con operaciones oficiales”. Pero de nada sirvió.
La pareja del gendarme, que luego tuvo que esconderse con su hijo por seguridad, también pedía su liberación mientras aseguraba desesperadamente que el motivo de la visita eran solo unas vacaciones en familia.
Nunca dieron lugar a ningún reclamo ni negociación para liberarlo. Así, Nahuel Gallo quedó secuestrado en el tenebroso centro Rodeo 1. En ese y otros centros clandestinos que funcionaban durante el régimen y era controlados por Cabello y el Cártel de los Soles, los rehenes eran sometidos a torturas, amenazas y traslados para quebrar su voluntad.
Desde entonces, el Gobierno argentino exigió su liberación en reiteradas oportunidades, elevando los reclamos ante la OEA, la ONU y la Corte Penal Internacional.
La familia supo gracias a testimonios de sobrevivientes como el colombiano Iván Colmenares que el uniformado resistía físicamente, pero que enfrentaba un régimen de aislamiento, tormentos psicológicos y amenazas de muerte dentro de la lógica de la narcodictadura.
Sin embargo, la esperanza comenzó a crecer entre los familiares de Gallo el pasado 3 de enero, cuando las tropas de Estados Unidos capturaron a Nicolás Maduro. Y, poco a poco, comenzaron a liberar a presos políticos en medio de la transición a cargo de Delcy Rodríguez.



