República Argentina: 2:02:42am


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Carta de lectores publicada en www.lanacion.com.ar

Olvidar que la derrota de la subversión por las armas en la guerra de los 70 permitió la restauración de la democracia y el Estado de Derecho, y sobre todo nuestro estilo de vida, es silenciar la conciencia de la sociedad, que acompañó a las FF.AA., de seguridad y policiales en esa lucha.

Negar que la violencia de los 70 fue traída a la vida nacional por la ofensiva terrorista hace más de siete décadas es torcer maliciosa e hipócritamente el período negro de nuestra historia. No reconocer que nuestras Fuerzas Armadas, con el apoyo indispensable del pueblo argentino, lograron una victoria militar sobre quienes desataron la violencia y el terror para tomar el poder, respondiendo a planes dictados desde afuera, solo encuentra justificativo en intenciones políticas aviesas. Esa victoria no fue definitiva. La guerra continuó en otros campos de nuestro quehacer y pagamos caro la decisión de no convivir con la subversión, como hicieran otros países de América y el mundo. La prisión de militares y policías excede a sus personas: el marxismo internacional no se movilizó por esas pocas personas, y el impulso de su escarmiento a partir de 2003 está dirigido a destruir la moral del pueblo, que impide que se apropien de la Argentina los mercaderes del terror. No es una novedad: asistimos desde el 25 de mayo de 1973 a la demolición de las instituciones republicanas, entre las que se destacan la ex Cámara Federal en lo Penal de la Nación –disuelta de un plumazo pese a su éxito fundado en derecho– y las Fuerzas Armadas, convocadas por gobiernos democráticos para defendernos, que hoy son “castigadas” por haber cumplido su deber; mientras el marxismo, infiltrado y disimulado en el poder, fue limpiando políticamente el terreno para su avance. Por eso nos ha sorprendido hasta la estupefacción quien parecía llevarnos a desterrar el riesgo marxista, al desperdiciar la lección de la historia pactando con el enemigo. Enemigo que solo busca que bajemos los brazos para convertir a nuestra patria en otra Venezuela, Cuba o Nicaragua.

Queda poco tiempo para rectificar este derrotero, pues como dijo San Agustín, el castigo de las naciones, a diferencia del de los hombres, se da en este mundo.

Enrique Munilla

DNI 4.433.538