República Argentina: 7:09:23pm

Armada

 

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Foto cortesía elrosalenio.com.ar

El emblemático destructor Santísima Trinidad, que en la década del 70 sobrevivió a un ataque de la guerrilla montonera, mientras era construido, y luego participó en Malvinas, libraba el lunes (21 enero 2012) su última y agónica batalla cuando, ya fuera de servicio desde  1989, una inexplicable “avería” lo escoró 50 grados y lo dejó semihundido sobre uno de los muelles de la Base Naval de Puerto Belgrano.
Según lo informó el periodídico digital elrosalenio.com.ar de Coronel Rosales, la rotura de una tubería en el sector de máquinas provocó el hundimiento de varios compartimientos y la nave se encontraba apoyada contra un pesquero, con una escora (inclinación) de unos 50 grados.
El Santísima Trinidad fue gemelo del ARA Hércules, que sigue operativo y fue construido en Inglaterra en la década del 70; también es de la misma clase de destructores que los británicos HMS Sheffield y HMS Conventry, hundidos durante la guerra de Malvinas.

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Los principales medios de prensa metropolitanos y del interior del país comentaron con distintos enfoques, el domingo 13, la noticia sobre el despido del cantinero de la Fragata Libertad, Luis Suarez, civil con 28 años en el buquequien había regresado al país junto con los guardiamarinas, al que ahora se le impidió subir al navío y participar de los actos de arribo presumiblemente como consecuencia de haber hecho declaraciones a la prensa. El hecho hace temer represalias con marinos que, aunque sin  dar sus nombres hablaron con los medios durante la crisis o bien por declaraciones de sus familias las que también, pese a no dar sus apellidos, fueron perfectamente identificables para el Servicio de Inteligencia Naval (SIN) que monitoreó permanentemente toda la situación.

 

Uno de esos artículos, firmado por la periodista Gisela Nicosia del diario Perfil, señaló

 Luis Suárez, el cantinero de la fragata Libertad, llegó a Mar del Plata con la esperanza de volver a subir al barco y reencontrarse con sus viejos compañeros de tripulación.

 Había sido una de las pocas caras visibles del conflicto, y buscaba ser parte de la fiesta que había organizado el Gobierno para recibir al buque que quedó varado en Ghana durante siete meses y diez días(sic, error original del medio). Pero su emoción contrastó con otra realidad: tras el acto le informaron que había sido despedido.

 No bien se enteró del regreso de la Fragata, Suárez estaba listo para subirse a uno de los botes que iban a escoltar al buque cuando estuviera cerca del puerto de Mar del Plata. Estaba muy emocionado, vivía el momento con alegría: lo esperaba desde que había vuelto al país tras dejar su querido buque, en el que se desempeñó como cantinero durante más de 25 años (sic), la mitad de su vida. En uno de los regresos de parte de la tripulación había llegado de nuevo a Buenos Aires, y habló con los medios. “Ayer, cuando salí de la Fragata, hacé de cuenta que un puñal se clavaba en mi corazón”, dijo en una de las entrevistas. Y agregó: “Las autoridades de este país, todo el mundo” sabía que se iba a viajar a Ghana y que se iba a “correr ese riesgo”.

 El miércoles, la Armada le impidió ser parte de la fiesta. Le pidieron que no subiera a ningún bote y que se retirara de la fiesta popular.

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