Por Roberto Arnaiz* colaboración para TIEMPO MILITAR
Mucho antes de la guerra de Malvinas de 1982, la Argentina y el Reino Unido ya mantenían una silenciosa disputa estratégica en el Atlántico Sur. Uno de los escenarios menos conocidos de esa tensión fueron las islas Sándwich del Sur, un remoto archipiélago volcánico ubicado al sudeste de las Georgias del Sur, donde la Argentina desarrolló operaciones de ocupación efectiva que Londres observó con creciente preocupación.
La instalación de la estación Teniente Esquivel en 1955 y posteriormente de la base científica Corbeta Uruguay en 1976 constituyeron hitos relevantes dentro de la política argentina de consolidación territorial en el extremo austral. Aunque oficialmente ambas iniciativas fueron presentadas como emprendimientos científicos y meteorológicos, también tuvieron un claro valor político y estratégico dentro de la disputa de soberanía en el Atlántico Sur.
Durante gran parte del siglo XX, las islas Sándwich del Sur permanecieron prácticamente fuera de la atención internacional debido a su aislamiento y a las extremas condiciones climáticas. Sin embargo, para las potencias navales, el control de los espacios australes poseía una importancia creciente vinculada a las rutas marítimas bioceánicas, la proyección hacia la Antártida y la vigilancia de corredores oceánicos estratégicos.
En ese contexto, la Armada Argentina impulsó desde comienzos del siglo XX distintos proyectos destinados a establecer infraestructura permanente en las islas australes. La lógica respondía a un principio clásico de geopolítica: la ocupación efectiva como herramienta de afirmación territorial.
El primer paso concreto ocurrió durante la campaña antártica de 1954-1955. El 26 de enero de 1955 se instaló el refugio Teniente Esquivel en la isla Thule del Sur, también conocida como isla Morell. La instalación llevaba el nombre del oficial naval Horacio Esquivel y fue concebida inicialmente como un refugio de emergencia equipado con elementos de supervivencia y símbolos nacionales argentinos.
Meses más tarde, en diciembre de 1955, una nueva expedición transportada por el rompehielos ARA San Martín desembarcó personal y equipamiento para establecer una estación de carácter más permanente. La misión quedó integrada por el guardiamarina Ricardo Hermelo y los radioperadores civiles Manuel Ahumada y Juan Villafañe, quienes desarrollaron tareas científicas, meteorológicas y de comunicaciones en condiciones extremas.
Las temperaturas bajo cero, las fuertes ventiscas y el aislamiento marcaron la experiencia de la pequeña dotación argentina. El abastecimiento de agua requería trasladar hielo desde sectores alejados del refugio y las comunicaciones dependían de equipos radiales instalados en condiciones precarias. A pesar de las limitaciones operativas, el grupo logró establecer cientos de comunicaciones internacionales que permitieron difundir la presencia argentina en las islas. También realizaron mediciones meteorológicas, relevamientos de mareas y observaciones científicas remitidas posteriormente al Servicio de Hidrografía Naval.
La experiencia de Teniente Esquivel se desarrolló en un escenario internacional atravesado por la Guerra Fría. A medida que aumentaba la competencia global entre Estados Unidos y la Unión Soviética, las regiones polares comenzaron a adquirir un interés estratégico creciente. Las campañas científicas y oceanográficas pasaron a tener además una dimensión política y militar, mientras el Reino Unido seguía atentamente cualquier intento argentino de consolidar infraestructura permanente en territorios bajo disputa.
La expedición argentina incluía elementos que excedían el plano estrictamente científico. Ricardo Hermelo llevaba instrucciones vinculadas a eventuales protestas diplomáticas frente a incursiones extranjeras, mientras las comunicaciones radiales buscaban proyectar internacionalmente la ocupación argentina del archipiélago.
En enero de 1956, la actividad volcánica registrada en la cercana isla Cook obligó a evacuar la estación mediante helicópteros Sikorsky S-55 operados desde el ARA San Martín. La experiencia concluyó tras más de 1.600 comunicaciones radiales realizadas durante la campaña.
La Argentina retomó la iniciativa dos décadas más tarde. En 1975, mediante el decreto 3209, se autorizó una nueva operación destinada a establecer presencia permanente en Thule del Sur. La denominada “Operación Sol” se desarrolló bajo estricta reserva y culminó con la instalación de la estación científica ARA Corbeta Uruguay.
La construcción comenzó en septiembre de 1976 y en pocos meses se levantó una base con instalaciones habitacionales, científicas y logísticas capaces de sostener operaciones permanentes en el archipiélago. La inauguración oficial se realizó el 18 de marzo de 1977.
Para Londres, la presencia estable argentina en las Sándwich del Sur representaba un desafío directo a su control regional. Paralelamente, comenzaron a circular versiones sobre posibles actividades soviéticas en la zona, lo que incrementó aún más el interés británico sobre el Atlántico Sur. Durante esos años, la cuestión de las islas australes fue incrementando progresivamente la fricción diplomática entre Buenos Aires y Londres, en un escenario donde comenzaban a combinarse intereses militares, científicos y geopolíticos.
Tras el inicio de la guerra de Malvinas en abril de 1982, las islas Sándwich del Sur quedaron bajo jurisdicción de la gobernación militar argentina establecida en el Atlántico Sur. Sin embargo, luego de la caída de Puerto Argentino, la situación de Corbeta Uruguay quedó comprometida por el aislamiento logístico y militar.
El 20 de junio de 1982 la dotación argentina se rindió ante las fuerzas británicas. Tras inspeccionar las instalaciones, los británicos comprobaron que la base tenía carácter científico y procedieron inicialmente a sellarla y abandonarla. No obstante, en 1983 el gobierno de Margaret Thatcher ordenó la destrucción definitiva de Corbeta Uruguay, eliminando así la principal instalación argentina permanente en las islas Sándwich del Sur.
Aunque las islas Sándwich del Sur permanecen alejadas de la agenda pública internacional, el Atlántico Sur continúa conservando un elevado valor estratégico. Actualmente, el Reino Unido mantiene una importante presencia militar en el área mediante el complejo de Mount Pleasant en las islas Malvinas, mientras distintas potencias incrementan su interés sobre las regiones australes y antárticas debido a su importancia logística, científica y económica.
En un escenario internacional donde resurgen las disputas por recursos naturales, control oceánico y acceso a la Antártida, la historia de Teniente Esquivel y Corbeta Uruguay adquiere una nueva dimensión geopolítica. Más que episodios aislados, aquellas operaciones argentinas constituyen antecedentes directos de una competencia estratégica que continúa proyectándose sobre el extremo austral del continente americano.
* Licenciado en Historia y especialista en geopolítica. DNI 13.862.378




