República Argentina: 12:31:58pm


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Por Redacción DEF publicado por www.infobae.com

Por fuera del músculo militar, Donald Trump delineó una estrategia sorprendente para integrar la inteligencia artificial dentro de los estamentos del gobierno estadounidense

En el siglo XX, la hegemonía geopolítica se disputaba con acero, petróleo y poder nuclear. En 2026, la administración de los Estados Unidos definió que el nuevo orden mundial se determinará por la capacidad de procesamiento y la sofisticación de los algoritmos de inteligencia artificial (IA).

Bajo la segunda presidencia de Donald Trump, Washington abandonó la cautela regulatoria para desplegar una estrategia tecnológica y militar sin precedentes. Respaldado por un megaplán de infraestructura y desarrollo que movilizará hasta 500.000 millones de dólares, el gobierno estadounidense busca consolidar su dominación absoluta en el ámbito gubernamental y en el campo de batalla.

NSPM-11: La directiva histórica que acelera la IA en la seguridad nacional

El eje central de esta transformación se produjo con la firma del Memorándum presidencial de seguridad nacional número 11 (NSPM-11). Esta directiva revocó de inmediato las salvaguardas burocráticas previas, argumentando que ralentizaban la velocidad de adopción frente a competidores estratégicos como China.

Para lograr este objetivo, el NSPM-11 establece tres pilares fundamentales que reestructuran la defensa estadounidense. En primer lugar, impone una adopción expedita al ordenar a las agencias de inteligencia y defensa reducir los plazos de contratación con empresas de software a un máximo de 120 días.

En segundo lugar, promueve una adaptación directa, instando a las Fuerzas Armadas a no construir software propio desde cero, sino a integrar modelos comerciales de frontera existentes en el mercado.

Finalmente, el documento fija una regla de aseguramiento y cláusula anti-lock-in, que prohíbe a los proveedores privados degradar, modificar o desconectar sistemas de IA de uso militar sin autorización previa del Estado, evitando así que comités éticos corporativos interrumpan operaciones en combate. Asimismo, la directiva exige medidas severas para bloquear los llamados “ataques de destilación”, mediante los cuales actores extranjeros realizan consultas masivas automatizadas para replicar y extraer las capacidades de los modelos estadounidenses.

¿Un estado accionista en Silicon Valley? La propuesta de Sam Altman

La integración entre el poder gubernamental y la industria privada generó dinámicas financieras inéditas. Sam Altman, CEO de OpenAI, presentó una propuesta al presidente Trump y a las autoridades del Tesoro y Comercio para otorgarle al gobierno de Estados Unidos una participación accionaria del 5 % en OpenAI.

La propuesta busca extender este modelo a otras empresas de la frontera tecnológica a través de un fondo soberano estatal. A cambio de ceder participación, las firmas tecnológicas aseguran una alianza con la Casa Blanca y acceso prioritario a subsidios para centros de datos y energía nuclear dentro del plan de 500.000 millones de dólares. Este enfoque sigue el precedente fijado por la administración al tomar un 10 % de participación en Intel Corp tras una inversión de 8900 millones de dólares.

La estrategia de aceleración del Departamento de Guerra y GenAI.mil

Para ejecutar esta nueva doctrina en las Fuerzas Armadas, el renovado Departamento de Guerra, liderado por Pete Hegseth, lanzó la Estrategia de aceleración de IA con la finalidad de transformar la defensa en una fuerza AI-First.

Dentro de esta iniciativa, destaca la creación del programa War Force, un ala de la iniciativa gubernamental Tech Force, orientada a reclutar ingenieros de software civiles para asignarlos rápidamente a proyectos tácticos. A su vez, el Pentágono cerró acuerdos de despliegue masivo en redes clasificadas de alta seguridad con los principales gigantes tecnológicos del país, incluidos OpenAI, SpaceX, Google, NVIDIA, Microsoft, Amazon Web Services y Oracle.

El pilar operativo de este esfuerzo es GenAI.mil, la plataforma oficial de IA que ya utilizan más de 1,3 millones de militares, civiles y contratistas para automatizar tareas complejas de planificación y reducir tiempos de trabajo de meses a días.

Aplicaciones efectivas: Palantir, enjambres de drones y la experiencia en Irán

El despliegue de la inteligencia artificial en el ámbito militar ya ha demostrado su impacto en escenarios de combate activo. Un ejemplo destacado es el Maven Smart System, potenciado por la firma Palantir, el cual procesó datos satelitales, térmicos y de comunicaciones durante la operación Furia Épica en Medio Oriente.

La herramienta consumió más de 20.000 millones de tokens diarios para coordinar más de 13.000 ataques aéreos de precisión, lo que redujo los tiempos de análisis táctico de horas a minutos y multiplicó la capacidad de fuego de las unidades.

La estrategia también avanza mediante programas como Swarm Forge, enfocado en escalar nuevas tácticas de combate mediante enjambres de drones autónomos, y Agent Network, diseñado para delegar en agentes de IA desde la logística hasta la toma de decisiones dentro de la cadena de ejecución de objetivos. La efectividad de estos desarrollos se reflejó en operaciones reales de alto nivel; informes de inteligencia revelaron que el Pentágono utilizó el modelo de IA Claude, desarrollado por Anthropic, durante la operación militar que derivó en la captura de Nicolás Maduro en Caracas en enero de 2026.

La estrategia de Estados Unidos representa el fin de la cautela normativa y el inicio de una era de guerra automatizada. Al entrelazar la propiedad estatal con los desarrolladores privados e integrar herramientas como GenAI.mil en la cadena de mando, Washington busca asegurar el liderazgo tecnológico global, abriendo al mismo tiempo un intenso debate ético sobre la autonomía en las decisiones militares del futuro.