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Por Adrián Pignatelli publicado por www.infobae.com

Ceferino Reato describe, en el libro “Pax menemista”, cómo los montoneros operaron para lograr un indulto, del que también se beneficiarían los militares. Asimismo, relata cómo Menem presidente buscó, con la repatriación de los restos de Rosas, el abrazo con el almirante Rojas y la erección del cenotafio en Plaza San Martín alcanzar un proceso de reconciliación con un pasado violento y de profundas antinomias

Es una cámara íntima, donde la imagen de la Virgen, una pequeña estatuilla de terracota del siglo XVII, se ve bien cerca. Está detrás del altar mayor de la imponente Basílica de Luján y se accede por sendas escaleras de mármol que algunos fieles, en señal de sacrificio y promesas cumplidas, suelen subirlas de rodillas.

Ese camarín fue el escenario donde el 17 de abril de 1989, hace 37 años, los principales dirigentes montoneros dejaron un documento en el que juraban “solemnemente” propugnar y sostener la autocrítica, la pacificación y la reconciliación. Este hecho determinó un punto culminante de un proceso minuciosamente revelado, con muchos datos inéditos, por el periodista Ceferino Reato en su libro Pax menemista. Historia secreta de los indultos a militares y montoneros en el país del odio (Sudamericana, 2026), y que fundamenta la hipótesis de que el pedido de un indulto provino de esta organización guerrillera y no del sector militar.

En diálogo con Infobae, Reato explicó que “desde 1985 Montoneros formaban parte de una corriente interna dentro del peronismo, el Peronismo Revolucionario y, si bien tenían una fuerte presencia simbólica, no eran bien vistos dentro del justicialismo por haber sido protagonistas de la violencia política de los setenta. En realidad, nadie quería estar cerca de los que entonces estaban asociados a la violencia. Iba en consonancia con encuestas en que la mayoría de los consultados se mostraron proclives a enjuiciar a los guerrilleros, y en las que Mario Firmenich cosechaba aún más rechazos que el general Jorge Videla”.

El autor señala que “cuando se anunciaron las elecciones internas partidarias, en montoneros se planteó la disyuntiva sobre a quién apoyar. Decidieron aliarse con Carlos Menem porque Antonio Cafiero, sintiéndose seguro ganador, no quiso saber nada con ellos”. Reato destacó que los montoneros tenían a su favor capacidad de movilización, contaban con el diario La Voz, manejado por Vicente Leónidas Saadi, mentor de Menem y controlador de la mayoría en el Senado durante el gobierno radical y se sospechaban que manejaban fondos provenientes de los secuestros. En ese esquema Menem, que venía peleando desde muy atrás, estaba ávido de recursos para su campaña de elecciones internas para elegir candidato a presidente para las elecciones de 1989.

El libro describe que la política de alcanzar una reconciliación Menem la comenzó en un acto en que, siendo precandidato a la presidencia de la nación, iba a dar en la localidad de Punta Alta en marzo de 1988, donde un número significativo de su población era militar. Reato cuenta que fue Mario Montoto el que le propuso dirigir su discurso al terreno de la pacificación y reconciliación nacional, algo que terminó haciendo.

En este proceso de dejar atrás los odios del pasado, la Iglesia debía estar presente y los montoneros se valieron de las relaciones que allí tenían. Reato señala que “los primeros contactos fueron en el Vaticano, y a partir de allí, le pasaron la posta a Ubaldo Calabresi, el nuncio apostólico, el embajador de la Santa Sede en nuestro país. En ese proceso, Calabresi le indicó a monseñor José Miguel Medina que recibiera a los negociadores. Medina, de mala gana porque los montoneros le caían pésimo, organizó un encuentro con capellanes militares y, para sorpresa de los montoneros, los recibieron bien”.

El 14 de junio de 1987 se produjo el primer documento, dado a conocer muy poco después de la visita al país de Juan Pablo II. La organización terrorista reconocía su culpa e invitaban a sus enemigos “a arrepentirse”.

El documento que dejaron a los pies de la imagen de la Virgen de Luján está fechado el 17 de abril de 1989, dado a conocer un mes antes de las elecciones presidenciales. En esa oportunidad, estuvieron presentes unos treinta montoneros, recibidos por monseñor Emilio Ogñenovich, obispo de Luján. Estaba la plana mayor del Peronismo Revolucionario, y las esposas de los jefes montoneros.

Es un documento de nueve páginas titulado “Compromiso solemne por la pacificación y reconciliación nacional sustentadas en la justicia social y la autocrítica nacional”, lo elaboraron Montoto y Firmenich y, según Reato, lo tenían cocinado desde 1987. Pedían un amplio acuerdo y que para que tuviese más legitimidad, esperaban que tuviera aprobación parlamentaria.

Alertaban sobre una “guerra civil intermitente”, que ningún sector “estaba libre de culpa” y que la pacificación era necesaria para curar heridas. Se debían terminar con los enfrentamientos del pasado, más aún cuando un sistema económico impedía la paz social, y fomentaba el auge de la delincuencia y el narcotráfico. Bregaban por una pacificación amplia, por una autocrítica y renunciaban al uso de las armas.

“No tuvo mucha repercusión en los medios, y ellos además no querían hacer demasiada alharaca acerca de un tema sensible como eran los indultos. Por eso cayó muy mal la entrevista que brindó en octubre de 1988 Pablo Unamuno, dirigente del Peronismo Revolucionario, quien adelantó que Firmenich sería liberado. Menem fue forzado a negar públicamente esta posibilidad”, aclaró Reato.

El autor afirmó que los indultos “fueron la medida más controvertida de una ráfaga de iniciativas para fundar un período de estabilidad y predominio para el cual debía calmar la interna militar, seducir a los antiperonistas y mantener el respaldo de las bases del peronismo”.

Entrevista a Ceferino Reato

Ceferino Reato: "Los indultos fueron la medida más controvertida de un paquete de iniciativas para fundar la 'pax menemista', seducir a los antiperonistas y mantener el respaldo del peronismo"

Los militares estaban al tanto de las negociaciones de los montoneros, especialmente en el Ejército y viejos altos jefes, como el almirante Emilio Massera.

La primera tanda de los indultos fue el 7 de octubre de 1989, que involucró a 277 individuos. En realidad son cuatro decretos firmados el 6 y anunciados al día siguiente en El Chamical, La Rioja. El 1002 involucraba a 39 militares, como Bignone y Galtieri; el 1003, a 64 guerrilleros; el 1004, a 164 militares carapintadas y el 1005 la junta militar responsable de la guerra de Malvinas.

Quedaban los nombres más problemáticos. El 29 de diciembre de 1990, en seis decretos, se liberó a una docena, entre ellos Videla (que rechazaba el indulto), Massera, Suárez Mason, Firmenich, Martínez de Hoz, Norma Kennedy, entre otros.

Repatriación de los restos de Juan Manuel de Rosas

La repatriación de los restos de Juan Manuel de Rosas fue una decisión que sorprendió a la sociedad

En un libro que abunda en datos revelados por los protagonistas de entonces, Reato reafirma la decisión de Menem presidente de cerrar las heridas del pasado con otros gestos que debían terminar con una reconciliación y a dejar atrás viejas antinomias y profundos resquemores. Así es como cuenta, cómo nació la operación de repatriación de los restos de Juan Manuel de Rosas, que aún seguía generando fanatismos a favor y en contra; las circunstancias que llevaron al líder riojano a abrazarse con el almirante Isaac Rojas, uno de los militares que derrocaron a Juan Domingo Perón en 1955 y figura central por excelencia del antiperonismo, y cómo se materializó el monumento en homenaje a los caídos durante la guerra de Malvinas, en tiempos en que hablar de la guerra significaba defender a los militares y los veteranos que, sin reconocimiento, estaban a la buena de Dios.

Cómo pacificar al país del odio: los entretelones de una reconciliación con un pasado doloroso y con heridas aún abiertas

El libro se comprime en el primer año y medio de gestión del gobierno menemista, en el que debió atender varios frentes de conflicto: la crisis económica heredada del gobierno de Alfonsín; un Ejército dividido por los levantamientos “carapintadas”; su alianza con los popes del liberalismo nacional, el ajuste económico que aplicó, la catarata de privatizaciones, el inicio de “las relaciones carnales” con los Estados Unidos y el acercamiento con Gran Bretaña para reiniciar contactos entre los gobiernos, cortados con la guerra.