MANCHALA.- ERAN DOCE MAS SUS JEFES
“Caminante, ve a Esparta y diles a los espartanos que por obedecer sus leyes aquí yacemos”
Simónides de Ceos, poeta griego
Eran doce Soldados Salteños mandados por dos Suboficiales. Estaban ese día, 29 de mayo, en Manchalá. Ni siquiera tenían la pretensión de ser Militares. Sólo cumplían las Leyes de la República Argentina, en especial esa que imponía a los ciudadanos a cumplir con el Servicio Militar y habían ido allí por orden de un Gobierno Constitucional. La mañana del 29 de mayo de 1975 los sorprendió pintando la escuela de Manchalá. Un poco más tarde la historia los puso en un brete del que todo hombre recela pues siempre tiene la duda de cómo responderá. Sin embargo, no dudaron, ¿Cómo iban a dudar si habían crecido escuchando en cuentos y consejas las historias de los Infernales que con Don Martín le guardaron, a pura lanza, la frontera norte a San Martín?, ¿Cómo iban a rehuir el combate si eran de la estirpe que le puso el pecho a cuanto bandido quiso asolar su provincia?. No preguntaron, ellos, los doce Soldados Salteños de Manchalá y sus Jefes, cuantos eran los otros. Solo sabían que eran muchos más que ellos pero respondieron al plomo con el plomo y en esas horas en que jugaron con la muerte se ganaron para siempre el mote de “Los bravos de Manchalá”.
El ex líder carapintada y ex jefe de comandos en Malvinas y actual concejal peronista por San Miguel, Aldo Rico, definió al general Martin Balza como “un buen artillero” pero sin querer abrir otro juicio de valor sobre el militar. Abrió una controversia al sostener que en la guerra “los ingleses recibieron más ayuda de los uruguayos” que de los chilenos; admitió que intentó convencer sin éxito al fallecido coronel Mohamed Seineldín para que desplazara a Mario Menendez en la conducción de la lucha y sostuvo que en la guerra, las relaciones entre la Armada y la Fuerza Aérea eran “pésimas”.
Rico fue entrevistado por el periodista Ceferino Reato en un extenso artículo que, en el marco de la profusión de notas por Malvinas hechas por la prensa en general publicó el 2 de abril, el diario Perfil.
El texto literal del reportaje, es el siguiente:
Bajo el título “La destrucción de las Fuerzas Armadas”, el diario Hoy de la ciudad de La Plata editorializó este 25 de mayo cómo, a contramano de los próceres que dieron vida a la Patria en 1810, el matrimonio Kirchner diagramó un plan sistemático para destruir a las instituciones armadas de la República, brazo indisoluble de la construcción y soberanía nacional. El rotativo advierte sobre los graves peligros que esto implica para la propia vida del país, que hoy, sostiene, no tiene, por ejemplo, capacidad para poder proteger su plataforma marítima de la predación constante y sistemática de más de 150 buques pesqueros
El artículo es el siguiente:
Artículo de opinión
Por el General de División (RE) Miguel Angel Sarni (*)
“A veces me despierto sobresaltado, convencido de que existe una conspiración inmensa, llena de actores poderosísimos, para desarticular las Fuerzas Armadas de la Argentina (FFAA). Como el bolsillo es un órgano de pensamiento importante, eso me sucede las primeras noches después de cobrar mis haberes como general de división retirado.
La razón es a veces ingenua y tiende a inventar libretos donde sólo hay falta de letra, y a ver patrones de conducta donde sólo reina el desconcierto. Por eso algunas mañanas me digo que es necesaria no menos que una conjura de magnates y mandamases para que el gobierno nacional pueda incumplir (y sin consecuencias) la sentencia S. 301. XLIV. del 15/03/2011 de la Corte Suprema, que dictamina que a los militares se nos pague todo en blanco en lugar de casi todo en negro (verbigracia, una sumatoria de “haberes no remunerativos”). La misma sentencia indica que a los RE (verbigracia, “militares retirados”) se nos abone algo parecido a nuestro último y poco glorioso sueldo como activos, en lugar de menos de una tercera parte
Ese tipo de ideación me dura unos días, casi tanto como los haberes cobrados. El resto del mes, como lector aficionado de pensadores e historiadores, me veo obligado a admitir que muchos dirigentes y Medios en la Argentina, lejos de ser antimilitaristas diabólicos, son simples a-militaristas (perdón por el neologismo), y probablemente más ingenuos que yo.