República Argentina: 5:48:18am

Fue entonces que gritó por sobre el sonido de los M72 LAW antitanque y de los fusiles lanzagranadas M-79, que lo cubría, que se arrastrara hasta la zanja donde estaban sus camaradas, que abandonara el puesto ovejero de Top Malo House donde se habían refugiado la noche anterior que en esa dramática hora se incendiaba y cubría de humo negro el campo de batalla.

No la vio venir. O quizás sí. Pero no tuvo tiempo de reaccionar. La granada explotó a metros de Sbert. La onda expansiva tiró su cuerpo hacia atrás con violencia. "Estaba intacto, la explosión lo había destrozado por dentro, murió defendiendo a sus camaradas y le salvó la vida a Medina", recordó conmovido su superior y amigo de años, el entonces capitán José Verseci, hoy teniente coronel (R).

Mateo Sbert había nacido en San Pedro, provincia de Buenos Aires, tenía 33 años, tres hijos y una esposa, Yurhema Elisa Sibona, que lo había despedido con amor y la promesa de volver, solo ocho días antes de que cayera cubriendo a sus compañeros.

La noche del 28 de mayo los comandos habían recibido la orden adentrarse 40 kilómetros delante de la primera línea de batalla argentina para informar sobre el desembarco de los ingleses en San Carlos.

En dos helicópteros, que volaron al ras del piso para evitar radares, los soldados llegaron al pie del monte Simons. Allí, ascendieron con dificultad y desde la cima pudieron informar de un corredor de helicópteros enemigos que divisaban.

Esa noche nevó.  Durmieron sobre la turba. En la madrugada del 30 de mayo, Sbert junto a los 12 hombres de elite, emprendieron el difícil regreso. Tomaron rumbo hacia Fitz Roy, a 25 kilómetros al sur de Puerto Argentino, donde estaba la sección nacional más próxima. Ya oscurecía cuando cruzaron el arroyo Malo. Empapados hasta la cintura, helados, divisaron un puesto ovejero. El capitán Verseci tomó la decisión de hacer un alto y refugiarse en la casa de chapa y madera.

"Fue un error guarecernos allí, pero mis hombres tenían principio de congelamiento en los pies, podía perder a mi gente", admitió años más tarde el ex jefe de los comandos.

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