Año XIX
Jueves 5 de Mayo de 2011


 

 

Editorial

 

Cuando la democracia se deja de lado

 

En la presente edición de TIEMPO MILITAR, nuestros lectores encontrarán en las páginas 6 y 7 profusa información de lo que ocurre en estas horas en nuestra vecina Uruguay, donde el ex presidente constitucional José María Sanguinetti ha alertado que la joven y orgullosa democracia oriental vive una de las horas más dramáticas y difíciles de toda su historia. Esto es consecuencia de la decisión de los legisladores del Frente Amplio de derogar la ley de amnistía a militares por las secuelas de la lucha antisubversiva, dando la espalda a la voluntad popular que en dos ocasiones la avaló a través de las urnas. El debate final en Diputados fue diferido para el 20 de este mes.
Abogado, historiador, periodista, diputado, dos veces ministro, senador y dos veces presidente de su país (1985-1990 y 1995-2000 porque en Uruguay no hay reelección), Sanguinetti no necesita de mayores pergaminos para ser tenido en cuenta por la comunidad política internacional como un hombre de consulta e inequívoca referencia, al mismo tiempo que de profunda raigambre democrática. Su advertencia, consecuentemente no puede caer en saco roto.
Sanguinetti no estuvo solo en su apreciación. Dos senadores oficialistas, ex guerrilleros tupamaros, también se alejaron del Gobierno en la plena convicción de que un puñado de personas no puede desconocer el derecho expresado a través del voto por centenares de miles de sus compatriotas, quienes se pronunciaron por la necesidad de dejar para la historia el análisis y juzgamiento de los hechos del pasado para no dilapidar esfuerzos en la necesidad de construir y pavimentar el futuro de las sucesivas generaciones de uruguayos.
Los dos legisladores frenteamplistas, antiguos insurgentes, reprocharon a sus pares no haber respetado el acuerdo de gobernabilidad suscripto desde el llano con sus antiguos enemigos, un entendimiento «de combatiente a combatiente» para pensar en el futuro dejando que el tiempo actuara como el más eficaz y efectivo curativo para las viejas heridas.
Pero para Sanguinetti la cuestión es aún más grave. Si el Parlamento desconoce la voluntad popular, entonces, tal como lo aseguró, la democracia, la esencia misma de la vida del país, está en verdadero peligro. El Frente Amplio ganó las elecciones que llevaron a José Mujica al poder. Una mayoría de uruguayos así lo quiso. Pero una mayoría aún más grande, entre quienes votaron y no votaron a Mujica decidió en el mismo acto electoral dejar las cosas como están. Quienes llegaron al congreso uruguayo por los votos de sus conciudadanos, desconocieron con su actitud ese gesto de sus compatriotas y por consiguiente faltaron a su deber y de alguna manera, por no decir directamente, traicionaron su confianza.
El Parlamento argentino, convertido desde hace años en una mera oficina administrativa, salvo esporádicos chispazos de autodeterminación, también demostró en su momento que, según como se lean las cosas, la voluntad de unos pocos puede estar por encima del veredicto de las urnas en un sistema federal.
Sucedió, años atrás, en el impedimento para que asuma su banca un legislador nacional que había sido electo por casi 400.000 votos (un guarismo que incluso duplicó al que precisaron para asumir gobernadores de varias provincias argentinas) y sobre el que, tras su proclamación como legislador, se profundizaron acusaciones por delitos contra los derechos humanos.
En vez de seguir el camino constitucional de permitir su asunción y luego, de caber, votar el desafuero para su juzgamiento correspondiente (en un publicitado proceso cargado de toda la intencionalidad y presión política) se optó por cerrar las puertas de antemano, ejerciendo un derecho de veto previo, preexistente para el cual se violaron todas las normas y reglamentos preexistentes, pero por sobre todas las cosas la voluntad de centenares de miles de ciudadanos. Basta recurrir a las notas taquigráficas de las agitadas sesiones en donde legisladores opositores advirtieron sobre esa grave anomalía, para coincidir con la grave advertencia actual vertida por el ex mandatario uruguayo.
Sanguinetti fue claro: las instituciones, en manos de unos pocos, están en riesgo. Hoy son los militares, mañana pueden ser los sindicalistas y pasado los políticos de otro signo que no gusten. En la Argentina pasa lo mismo. A veces, para quienes tienen el pensamiento totalitario en su esencia, la democracia solo es buena si sirve a sus intereses.

El Director